Philip Roth
Traducción de Jordi Fibla
Círculo de Lectores, Barcelona, 2011 (1ª ed. en inglés de 2010).
195 pp.
Empiezo a considerarme un devoto de Philip Roth (sé que más de uno dirá: "mal comienzo; suena pedante"). Da lo mismo. Pastoral americana es de lo mejorcito que he leído en los últimos años; Zuckerman encadenado es todo un ejercicio de estilo inmerso en una profundidad agobiante; La conjura contra América remite a una historia-ficción que acerca su escritura a los estantes de libros más vendidos sin necesidad de perder calidad...
Roth es un escritor prolífico, es un escritor de raza. Páginas y más páginas escritas desde 1959 desbordan una vida literaria que no cesa: a sus setenta y ocho años sigue fiel a la cita con el lector hasta un punto que sólo Woody Allen, en la vertiente cinematográfica, estaría a la altura de su tenacidad.
Némesis es su libro anual, su regalo anual. En él se cita con la referencia culta, con la diosa que castiga la desmesura, que procura el equilibrio distributivo. No debemos ser demasiado felices, ofendemos a los dioses. Para ello, seguiremos el camino realizado por un joven en su plenitud vital: afortunado amante de una criatura que le propone un horizonte de afectos perfecto, apreciado por niños y mayores en su rectitud moral, satisfecho en su manifestación física exultante en músculos y belleza externa, confiado en el futuro, integrado en su comunidad...
La diosa le castigará con el sinsentido de la venganza clásica. Nadie puede llamarse Prometeo y pretender que la felicidad se instale en el centro de su vida. Hay algo de violencia ciega en el castigo, aunque esa ceguera sea la que asume el castigado. El discernimiento del hombre adornado de los mejores atributos no puede quedar impune. Cualquier humano sabría salir de la maraña del cruce de caminos al que la vida nos aboca en ocasiones, pero la altura de la perfección nos hace perder pie y no entender lo obvio. Él se convierte en el héroe griego al que le alcanza el destino y lo afronta; es Aquiles, el que pudo tener una vida longeva y no la quiso; sólo así serán cantados por el poeta y recordados por la memoria futura.
Nuestro protagonista se despeñará desde su maravillosa perfección al ser sitiado por el azar y la sinrazón. Las columnas donde se sustentaba se convierten en polvo cuando los estragos de la polio se adueñan de lo que él ama. La enfermedad será la niebla enviada por Némesis para procurar su extravío. El exceso de responsabilidad y la culpa le irán ahogando sin remedio. ¿Es sólo el destino del protagonista o es también el de todos y cada uno de nosotros? ¿Es la desolada incertidumbre el precio que tenemos que pagar por vivir?
Si no lo habéis hecho, leed Némesis. Pasearéis por el telón de fondo de todas sus novelas, el lugar donde nació, Newark (Estados Unidos); penetraréis en los vericuetos de una comunidad a la que él pertenece por nacimiento, la judía; sentiréis la prosa que le distingue, fluida, hermosa, sorprendente; escucharéis las palpitaciones de su personaje principal al procurar que no nos despeguemos ni un milímetro de su piel, de su pensamiento. Disfrutaréis de ese exceso al que llamamos lectura y del que nunca somos castigados (Alonso Quijano aparte).

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